Textos y claves…
Tianguis Turístico; amarre federación-estado
Miguel Ángel Arrieta
Si alguna duda prevalecía sobre los alcances de la relación político institucional entre el gobierno de Andrés Manuel López Obrador y la administración de Héctor Astudillo, bastaron 72 horas para entender que ambos poderes van más allá de una coordinación oficial y comienzan a revelar indicios de pleno entendimiento integral, sin importar posiciones partidistas.
El intercambio de mensajes entre el presidente de México, el gobernador de Guerrero y funcionarios federales del sector turismo, permite apreciar que se equivocaron quienes apostaban a que el estado sería sometido a una relación accidentada por parte del nuevo gobierno de la República.
Las definiciones del manejo político que dará el gobierno federal a la actividad considerada en el tercer lugar de fuentes generadoras de ingresos para el país, se marcaron durante el Tianguis Turístico y quedó bien claro el interés de la federación por incorporar a Guerrero en la estructura de desdoblamiento financiero a través de esta actividad.
Esto no es gratuito: el planteamiento de Héctor Astudillo sobre los ejes de aprovechamiento del turismo, ofrece orientar inversiones como contrapeso al deterioro del tejido social. Andrés Manuel López Obrador proyecta dedicar las ganancias de este mercado a rescatar zonas marginadas en ciudades balneario y fortalecer presupuestos para el desarrollo urbano de colonias populares.
López Obrador capitalizó el escenario del Tianguis Turístico, -ante la totalidad de hoteleros y agentes de viajes del país y buena parte de inversionistas del ramo internacionales- para presentar los intereses estratégicos de su gobierno en turismo.
Por lo pronto, Sectur contempla en 2019 la llegada a México de 43.3 millones de turistas internacionales, lo que significará 4.7 por ciento más que un año antes. Y se estima un gasto de 23 mil 600 millones de dólares, 10.6 por ciento más que en el mismo periodo.
En este contexto, el Tianguis Turístico queda como un marco cuyas negociaciones por primera vez no se limitaron a la compra venta de paquetes resorts e información de miles de rutas de exploración turística. En realidad el significado del evento incluye una visión para reposicionar a Guerrero en el menú de sitios de interés entregado a inversionistas de gran calado.
De hecho, los tres puntos clave que permitieron el lucimiento de Guerrero como nunca antes durante el Tianguis Turístico, se localizan en un cruce de agendas articuladas desde tres ángulos históricamente desvinculados uno de otro que hoy han redefinido posiciones contrapuestas en el gabinete estatal para instalar un frente único: Secretaría de Turismo, Secretaría de Obras Públicas y Promotora Turística de Guerrero.
A estas tres dependencias les ha caído el veinte de que México en este momento es objeto de una inversión extranjera estimada en cuatro mil 685 millones de dólares aproximadamente en diversos proyectos turísticos. Con efecto detonador de 23 mil 730 empleos.
De ahí que Ernesto Rodríguez Escalona, Manlio Fabio Pano Mendoza, Rafael Navarrete y Javier Taja, hayan instalado una base permanente en la zona Diamante de Acapulco desde la que se conjuntó las bases para aprovechar la celebración del Tianguis Turístico en sus diversas fases.
Al final de cuentas, aunque el Tianguis es administrado y coordinado por el gobierno federal, Sectur y Protur no dejaron espacio libre para fortalecer la marca Guerrero: durante el segundo día del evento el gobernador Astudillo colocó la primera piedra del desarrollo inmobiliario y residencial "Mare" en la Costera Las Palmas de la zona Diamante, y cuya inversión asciende a los dos mil 500 millones de pesos aportados por los grupos Citicapital y Grupo Península.
Fuera de cámaras, el empresario José Antonio Hernández, (Mundo Imperial), platicó al presidente López Obrador el próximo arranque de la construcción de un nuevo estadio de tenis y otros dos complejos turísticos.
En el fondo, hay escenarios que colocan al lenguaje económico por encima de intereses políticos. La lección central de esa circunstancia es que no importan los términos; lo básico es el tamaño de los acuerdos para establecer gobernabilidad social y crecimiento financiero.


