Currículum oculto
Miguel Ángel Arrieta
Antes de divagar en la ambigüedad legal que permitió a la alcaldesa Adela Román Ocampo designar como director de la Comisión de Agua Potable de Acapulco al priista Mario Pintos Soberanis, las generaciones actuales que pelearon –literalmente- para elegir una opción que borrara todo vestigio del PRI en el ayuntamiento acapulqueño deben indagar ciertos datos no incluidos por el nuevo titular de Capama en su currículum.
En realidad, la oficina de Adela Román ha jugado con astucia la discusión sobre el nombramiento de Mario Pintos, para que no vaya más allá de expresiones legalistas.
Pero lo que no se ha puesto a debate es el contexto del origen político de Mario Pintos y mucho menos se ha tocado el tipo de antecedentes que posee el funcionario al definírsele como un hombre experimentado en el manejo de la Capama.
En el fondo, el nombramiento nada tiene que ver con traiciones pues la decisión de proponer al director de la paramunicipal es parte de las facultades constitucionales del presidente municipal; sin embargo, es bien claro que se trata de una decisión que debe estar apegada a convicción ideológica y ética de responsabilidad que debe acompañar a quienes ejercen el poder.
Por lo pronto, particularmente para esa generación de entre 20 y 35 años que se entregó fervorosamente a las propuestas de la cuarta generación, van ciertos apuntes:
1.- Cuando Mario Pintos se desempeñó como director de la Capama en la primera mitad de los años 80s, ese nombramiento era facultad del Gobernador del estado Alejandro Cervantes Delgado, por lo que Pintos acordaba directamente con el ejecutivo estatal y nunca accedió a consultar a los presidentes municipales cuando se trataba de iniciar un proyecto hidrosanitario en Acapulco.
De hecho, después de treinta años desconoce todo el proceso de municipalización del servicio distribuidor de agua potable y carece de información sustancial sobre las adecuaciones registradas por sistemas de tuberías y rebombeo. En tres décadas Acapulco ha observado una transformación urbana y suburbana radical.
2.- En 1985, el sentido operativo de la Capama se limitaba al de un organismo recaudador cuyos ingresos no estaban sujetos a instancia fiscalizadora alguna. A esa época se le conoce como los años en que Capama servía de caja chica del gobierno estatal.
Las finanzas de la Comisión de agua potable en los años de Mario Pintos nunca fueron sujetas a una auditoría; con un gobierno federal priista, un gobierno estatal priista, y un ayuntamiento priista, los egresos no tenían control y al final de cuentas ese dinero terminaba financiando campañas de candidatos a diputados, alcaldes, gobernadores y otros cargos priistas.
3.- En la nómina de la Capama cobraban familiares del director y los funcionarios, recomendados de regidores, y ayudantes del gobernador. Existía una lista de raya en la que semanalmente pasaban por su remuneración líderes seccionales priistas, colaboradores del comité municipal del tricolor, albañiles que trabajaban en construcciones particulares pero cobraban en el organismo y hasta profesionistas de la medicina que facturaban por servicios médicos que nunca otorgaban.
3.- La Capama representaba un pozo petrolero sin fin, pero la inversión en mantenimiento y renovación del sistema distribuidor de agua apenas rebasaba el 11.7 por ciento, y la mayor parte de los recursos aplicados a la ampliación de la red hidrosanitaria provenían del crédito Fifapa, un fondo federal creado durante el gobierno de Miguel de la Madrid con el fin de apoyar la modernización del sistema recolector, cuyos fondos totales Mario Pintos nunca informó sobre el destino final de dichos recursos.
4.- En 1986 Acapulco registraba según cifras oficiales, una población de 475 mil habitantes y de acuerdo a estudios demográficos se proyectaba que para el año 2010 alcanzara el millón de personas, pero en 2015 se contabilizaron 810 mil 869 habitantes; sin embargo el equipo técnico y administrativo de Mario Pintos no generó plan alguno que permitiera atender gradualmente este crecimiento. De hecho, nunca se imaginó que treinta años después regresaría al organismo para enfrentar los descuidos que él germinó.
En este contexto, el discurso de la alcaldesa se divorcia de la práctica política y perfila un estilo de propuestas agotadas que la orillan a seguir con el mismo modelo de ayuntamiento de las últimas cuatro décadas.
Ahora, dentro del equipo de Adela Román, y entre los grupos externos a ese círculo pero que se involucraron apasionadamente en la campaña electoral, surgen enojos y berrinches, pero no pasan de ahí porque la mayoría carecen de la información que expone a Mario Pintos como el personaje que plantó las semillas desde las que se formó la actual Capama.
Si lo que se buscaba era un personaje siniestro del viejo régimen para dotar de experiencia al gobierno municipal, Adela Román supo encontrarlo muy bien.

