¿De verdad Morena es mayoría en el Congreso?
Miguel Ángel Arrieta
Si lo que pretendía Pablo Sandoval con su discurso durante el tercer informe de Héctor Astudillo, era marcar su territorio como una parcela aislada de los vicios del sistema político estatal, lo que en realidad consiguió fue evidenciar la necesidad que padece para intentar convencer a los guerrerenses que antes de Morena todo presumía agotamiento y oscuridad, pero con la llegada del lopezobradorismo la patria y el estado se reinventarán.
El problema es que Amilcar Sandoval no acaba de entender que él no nació el primero de julio.
El Pablo Amilcar Sandoval Ballesteros que criticó ayer a nombre de los diputados de Morena "las prácticas de la vieja política", es el mismo Pablo Amilcar Sandoval que en 2005 y 2011 presentó a los candidatos del PRD a gobernadores, Zeferino Torreblanca y Ángel Aguirre Rivero, respectivamente, como las propuestas ideales para sacar a Guerrero del subdesarrollo y la corrupción, y cuatro años después colocó a esas figuras políticas en la vitrina de lo peor que le había pasado a la entidad.
El Pablo Amilcar Sandoval que ayer exhortó al ejecutivo hacer una autocrítica es el mismo Pablo Amilcar Sandoval que se quedó callado cuando Zeferino Torreblanca reprimió a los estudiantes en octubre del 2005, tan solo para pagar con su silencio los tres espacios de poder que el entonces mandatario había concedido a la familia Sandoval en la administración estatal.
El Pablo Amilcar Sandoval que ayer consideró que el pueblo guerrerense ya hizo la evaluación de la actual administración el pasado primero de julio, es el mismo Pablo Amilcar Sandoval que perteneció a la dirigencia nacional de ese PRD que también fue evaluado en la pasada elección, y terminó reprobado debido a las prácticas contrarias a los propósitos de su militancia tomadas por sus dirigentes, entre ellos el ahora coordinador de Morena en la legislatura local.
En la dialéctica del liderazgo, la autoridad elemental de quien comanda un grupo político emana de su capacidad para colocarse al lado de la racionalidad y por encima de intereses sectoriales. Desde su posición como presidente de la Junta de Coordinación Política del Congreso, Sandoval Ballesteros está colocado en la ruta inevitable para la construcción de acuerdos, ya que su papel ahora es el de jefaturar civilizadamente un poder estatal.
Un Congreso legislativo confrontado terminará como un organismo improductivo, lo que ha ocurrido en las cuatro últimas legislaturas.
Analíticamente, la denominada Cuarta Transformación exige nuevos liderazgos, después de todo no puede hablarse de una renovación política si participan los mismos personajes de siempre, por lo que de entrada antes de asumirse como vocero de una sociedad que "ya calificó" al gobierno, Pablo Sandoval debe comenzar por identificar los parámetros para calificarse a sí mismo.
Por lo pronto, su cronometro del poder está en marcha desde hace 35 días y hasta ahora no se aprecian las claves del cambio que los guerrerenses aguardan después de que apostaron en las urnas toda su confianza a Morena.
Lo grave es que después de una victoria deslumbrante hace poco más de cien días, los diputados locales de Morena que conforman mayoría en el Congreso de Guerrero, -24 de 46 legisladores-, no tienen idea del diseño que debe cumplir su agenda política y apenas uno o dos de ellos reconoce lo imperativo de elaborar cuanto antes un plan de trabajo capaz de cubrir las expectativas por las que fueron elegidos.
De hecho, en el Grupo de diputados morenistas prevalece una anécdota inolvidable en la historia de esa bancada: cuando fueron convocados a la primera reunión como legisladores electos, una semana después del primero de julio, ninguno de los integrantes de la fracción lopezobradorista se conocía entre sí, salvo dos excepciones.
Por lo pronto, la carencia de propuestas comunes y la segmentación interna que registra el grupo de diputados locales morenistas, indica que ese desconocimiento personal entre ellos motiva la proyección de una fracción disminuida.
Al final de cuentas, a los que están esperando ver los primeros signos de cambio político real generados desde el Congreso local, -no la disminución de salarios o la reducción de gastos de representación-, van a tener que comprar sillas para no cansarse.
En el fondo, cada día cobra mayor certeza la idea de que los de Morena se prepararon férreamente para luchar por el poder, pero se les olvidó que hacer en caso de gobernar.

